Puesta en vigencia del impuesto global mínimo a las corporaciones por países adherentes al compromiso del impuesto global mínimo a las corporaciones
En un mundo caracterizado por la globalización y la capacidad creciente de las corporaciones multinacionales de mover capital y ganancias a través de fronteras con facilidad, el panorama fiscal ha sido sometido a retos sin precedentes. La erosión de la base imponible y el traslado de beneficios (BEPS) se ha convertido en un problema central. En respuesta, la iniciativa de implementar un impuesto global mínimo a las corporaciones ha tomado forma, buscando asegurar que las empresas paguen una tasa justa de impuestos, independientemente de dónde operen.
Se refiere a la posibilidad de contemplar en el marco de obligación tributaria la operación de multinacionales, que aun teniendo domicilio fiscal en otras latitudes generan beneficios en distintos países. Ganancias que estarán sujetas al gravamen del país donde otorgan sus servicios.
El impuesto Global Complementario IGC es una contribución que se paga anualmente y que grava a las personas naturales, a quienes se les cobra de manera diferenciada según su nivel de ingresos, por otro lado, el impuesto mínimo global se implementará principalmente a través de una norma que permitirá a los países de origen de las empresas multinacionales imponer un impuesto adicional a estas entidades si están sujetas a una tasa impositiva inferior al 15% en cualquier jurisdicción.
La economía global ha experimentado cambios profundos en las últimas décadas. Las corporaciones multinacionales han encontrado formas de maximizar sus beneficios, utilizando estructuras complejas y trasladando ganancias a jurisdicciones de baja tributación. Esta situación ha llevado a una disminución de los ingresos fiscales para muchos países, y ha aumentado la desigualdad en la distribución de la riqueza.
El Grupo de los Veinte (G20) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han estado al frente de las conversaciones para abordar estos desafíos. En este contexto, surgió la propuesta de un impuesto global mínimo a las corporaciones, con el objetivo principal de establecer una tasa impositiva mínima uniforme que las empresas deban cumplir.
El acuerdo de tributación mundial tiene dos pilares: el Pilar Uno que busca garantizar una distribución más justa de las utilidades y los derechos tributarios entre los países con respecto a las empresas multinacionales más grandes sin importar si tienen o no una presencia física en las naciones.
Se propuso una tasa mínima global del 15%. Esta cifra, aunque sujeta a debates y críticas, busca garantizar que las corporaciones contribuyan adecuadamente a las arcas fiscales de los países en los que operan. La idea es que, incluso si una empresa traslada sus ganancias a un paraíso fiscal, todavía estaría sujeta a un impuesto mínimo en su jurisdicción de origen.
Adopciones nacionales:
Europa: Muchos países europeos, que ya tenían sistemas fiscales robustos, han mostrado apoyo a la iniciativa. Sin embargo, la implementación ha requerido revisar y adaptar leyes y regulaciones nacionales. Países como Francia y Alemania han tomado la delantera en la implementación.
Américas: Estados Unidos, con su importante base de corporaciones multinacionales, ha sido un actor clave en estas discusiones. Mientras que, en América Latina, la respuesta ha sido mixta, con algunos países adoptando rápidamente la medida y otros mostrando resistencia.
Asia y Oceanía: Países como Japón y Australia han sido proactivos en su implementación. Sin embargo, en otras economías emergentes de Asia, ha habido un enfoque más cauteloso.
África: La preocupación principal ha sido cómo asegurar que los países africanos, muchos de los cuales dependen fuertemente de la inversión extranjera, no sean perjudicados.
A nivel global, la implementación ha planteado desafíos. Cada país ha tenido que equilibrar sus propias necesidades fiscales con las demandas de un sistema fiscal internacional cohesivo. Además, ha sido fundamental garantizar que las nuevas regulaciones no desincentiven la inversión.
Desafíos y Críticas
Tasa propuesta: Algunos argumentan que el 15% es demasiado bajo para hacer una diferencia significativa.
Impacto en países en desarrollo: Existe preocupación sobre cómo la medida podría afectar a los países que utilizan tasas impositivas bajas como incentivo para atraer inversión.
Complejidad administrativa: La implementación y supervisión requieren un esfuerzo considerable, y hay preocupación sobre la capacidad de algunos países para administrar efectivamente este nuevo sistema.
Conclusión
El impuesto global mínimo a las corporaciones representa una respuesta coordinada y unificada a los desafíos que la globalización ha impuesto al sistema fiscal internacional. En un mundo donde las corporaciones multinacionales tienen una capacidad sin precedentes para trasladar beneficios y operaciones a través de fronteras con facilidad, es esencial que los sistemas fiscales evolucionen para garantizar una distribución equitativa de los recursos.
Sin embargo, la puesta en práctica del impuesto ha revelado una complejidad que va más allá de una simple tasa unificada. Cada país tiene una economía única, con diferentes necesidades y desafíos. La implementación de este impuesto ha exigido a cada nación una introspección sobre su propio sistema fiscal, ponderando la necesidad de atraer inversión extranjera con la de asegurar ingresos fiscales adecuados.
Por otro lado, el debate sobre la tasa propuesta del 15% ha revelado diferencias fundamentales en cómo las naciones perciben la justicia fiscal. Mientras algunos argumentan que esta tasa es un buen punto de partida, otros la consideran insuficiente y abogan por un porcentaje más alto.
Es evidente que, aunque el impuesto global mínimo es un paso en la dirección correcta, no es una solución mágica. Requiere una revisión continua, adaptaciones y, sobre todo, un compromiso de colaboración entre naciones. El verdadero éxito de este impuesto no se medirá solo en términos de ingresos fiscales generados, sino también en su capacidad para fomentar un sistema fiscal global más justo y equilibrado. En última instancia, el objetivo es crear un marco en el que las corporaciones contribuyan de manera justa a las sociedades en las que operan, garantizando que la globalización beneficie a todos.
Referencia:
Morales, Y. (2021, 1 julio). Impuesto mínimo global a corporativos será una realidad en el 2023: OCDE. El Economista. https://www.eleconomista.com.mx/economia/Ingresos-por-impuesto-minimo-mundial-a-corporativos-tan-pronto-como-en-2023-OCDE-20210701-0055.html
Mataba, K. (2023). El impuesto mínimo global: una oportunidad para las economías en desarrollo. Globaldev Blog. https://globaldev.blog/es/el-impuesto-minimo-global-una-oportunidad-para-las-economias-en-desarrollo
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